Guerras del trueno/Capitulo 1

Aqui el primer capitulo de mi novela, en lo personal el primer capitulo es algo pasivo, pero se vuelve interesante muy rapidamente. No se arepentiran de leerla.

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Capitulo 1: Dos Guerreros

-Vamos Leo, debes de dormir, mañana te espera un gran día-Le dice al chiquillo de su sobrino de tan solo cuatro años de edad.

-Pero no quiero dormir tío, son tan solo las once de la noche.

-¡Acaso no te parece hora suficiente!

-Me dormiré si me habla de otro tema de Wonderfull- le dice el chiquillo a su tío, saltando en la cama con los brazos cruzados y cara de berrinche.

-Tú ganas Leo te contare sobre la lágrima divina.

-No, eso me lo narraste ayer.

-Bueno ¿qué tal sobre La leyenda de las máscaras elementales?

-Ya sé todo sobre el argumento tío, porque no me cuentas sobre los legados mágicos, pero antes podrías pasarme mi dragón de peluche, está arriba del escritorio.

Su tío se levanto de su asiento junto a la cama de Leo y tomo el curioso dragoncito de la mesita, que para su sobrino era un gran escritorio y se lo dio en la mano.

El pequeño le dio las gracias, se arrojo sobre la cama, se acurruco al dragón entre sus brazos y puso atención.

-¿Donde conseguiste al dragón Leo?

-Venia en un paquete junto a una carta de papá, ¿donde está tío?

-Ya te dije que en uno de sus viajes de inspiración para sus poemas y canciones, pero volverá pronto Leo.

-Eso espero tío, lo extraño.

-Bueno Leo empezare, así que pon atención y no hagas ruido mientras hablo, ¿está bien?

El pequeño responde moviendo la cabeza de arriba abajo con ojos muy abiertos.

-En esta tierra la brujería ha sido algo cotidiano por innúmeros años, más no muy habitual en todos lados y en toda persona, el privilegio de la magia, como vulgarmente se le citaba, era solo de un selecto conjunto de personas con legado de sangre divina. Estas según sus familias poseían control, dominio sobre un elemento en concreto, ya sea agua, tierra, o viento.

-¿Y el fuego tío?

-Para eso voy Leo, el que no era apreciado como elemento era el fuego, ya que este deriva de uno mismo como el calor del cuerpo que lo evoca. Los que lo controlaban eran de los más eficaces guerreros, pero no por eso los más idóneos en cómbate, asimismo al tener ese complejo poder también lograban dominar los demás elementos aunque solo con un control reducido, primario y torpe. De este legendario legado de sangre de fuego procedían las familias; Lunarti, Clemont, Treto, y los Vard.

-¿Yo soy de ese legado tío?

-Si Leo, los Lunarti somos de los más poderosos.

-¿De los más poderosos?, ¿quiénes son los más poderosos tío?

-Los Vard fueron alguna vez los más notorios de esta clase de legados, estos llegaron a perfeccionar el control de los elementos para crear el suyo propio y exclusivo, acoplando hábilmente varios elementos a la vez, se hicieron del control de los truenos, rayos y relámpagos. Los Vard, con este gran poder se convirtieron en todo un reino, pero este, decayó. Apuesto a que queras saber porque Leo.

El pequeñuelo solo contesto con un movimiento de su cabeza, con ojos brillantes intrigados en la historia.

- Desfallecieron por la traición de uno de sus más grandes adeptos, el gran Véngrand Vard, descendiente de la línea principal de los Vard, el concluyo con todo su legado, no dejo a nadie ni a nada vivo, la razón de por qué dejo a su reino en ruinas es ignorada hasta para los más magnánimos sabios del mundo.

-Buena historia tío Merlín.

-Cumple con el acuerdo Leo, duérmete ya, mañana te escribiré al colegio.

-¿Qué paso con Véngrand tío?

-Lo contuvimos Leo, antes de que pudiera perjudicar al mundo.

El sol relucía diecisiete años más tarde en el azul cielo, comenzando a abarcar cada una de las vidrieras del colegio de las artes míticas de los elementos, lo que en otras más simples palabras, equivale a una facultad de brujos y hadas.

El refulgente sol seguía su sosegado asenso matinal cuando llego a la ventana de la habitación de Leonardo Lunarti, este se incomodo con la luz que irrumpía en sus cerrados parpados, se incorporo de la cama soñoliento, soltando un bostezo tan fuerte y profundo que temió haber despertado a los demás. Con gran esfuerzo deja su cómoda cama para darse una ducha de agua caliente, al terminar se cambia colocando sobre su ropa una larga túnica morada oscuro que quedaba arrastrando por el suelo, abrió un viejo guardarropa y saco su sombrero, enorme y con una figura de media luna de plata en la punta que representaba a su familia. Se puso su chaqueta de color semejante a su bata, abre su baúl y sustrae su collar plateado, un presente de su tío, un medallón de plata con raras incrustaciones de cristales, con una gruesa cadena de oro blanco. Era su amuleto, el que le daba confianza para pasar el día, lo escondía debajo de su ropa para tenerlo cerca de él en el momento indicado, como le había dicho su tío que hiciera. Leo se acomodó en frente del espejo para peinar su castaño cabello, era largo y liso, su piel era blanca, casi pálida, sus ojos cafés claros resaltaban de su rostro, ojos que mostraban su prudencia y su inexperiencia a la vez. Sin duda era distinto de aquel chiquillo tonto, feliz e ingenuo de hace diecisiete años, había madurado y su comprensión del mundo del mismo modo.

Leo salió de su habitación, empezó a avanzar por el pasillo, como hacía cada mañana para llegar a su aula de clase. Cuando se proponía dar la vuelta en el desvió del corredor hacia las escaleras, se detuvo en seco pegando su espalda a la pared, oía voces, pisadas sospechosas. Asomo un poco su cabeza para advertir quien discutía. Era Locke Treto, un fornido y cobrizo joven de cabello y ojos negros, hablando con otro estudiante que no pudo conocer por estar de espaldas, parecían muy preocupados. Sus voces eran bajas, temblorosas, casi inaudibles para Leonardo.

-¿Estás seguro de lo que oíste?

-Si Locke, me lo dijeron personalmente unos amigos que vivían en Fiorire, el lugar fue atacado ayer por la noche por unos guerreros de aspecto extraño, decían venir en su nombre, atacaron todo sin piedad. Fiorire… fue arrasada.

-No puedo imaginar que el haya vuelto.

-Créelo Locke, esta acatando su venganza estratégicamente.

-Atacar al más grande productor de alimentos del reino, solo a él se le ocurriría algo así, seguro que su siguiente blanco es el rey Wísdom.

-Luego hablamos, tengo que ir a clases.

-Yo igual, nos vemos después.

Ambos descendieron por las escaleras a toda prisa hasta que Leo los pierde de vista. El castaño continuo caminando, baja las escaleras y marcha hacia su salón de clases a un lado de un gran y viejo sauce. El era de los primeros alumnos en llegar además de Locke que se encontraba en una esquina viendo por la ventana como era su costumbre. Después de que todos llegaran entro al aula el rector de la institución, era inusual verle, ya que presumía de estar terriblemente ocupado y de no atender casos pequeños sin importancia. El hombre era viejo, muy arrugado, con flácidas y pequeñas manos con venas saltonas, no era para nada alto, llevaba un sombrero de punta que acentuaba su tamaño y su larga barba blanca, parecía todo un gnomo. Pero sin importar su aspecto, tenía el respeto de la mayor parte de los alumnos que le veían como una persona de alta sabiduría. Leonardo temía a sus ojos que eran profundos, cuando les entreveía no podía soportar la tremenda explosión de conocimientos que manifestaban, por lo que cuando el viejo se aproximaba Leo tendía a inclinar la cabeza para evitar su mirada.

El hombrecillo subió al pequeño estrado de los profesores con dificultad, hablando con voz fuerte, tan gruesa y audible que parecía haberla hechizado.

-Jóvenes, les tengo un importante aviso. Su graduación… queda cancelada.

Todos empezaron a alborotarse por el contundente hecho, gritando; ¿Por qué?, y ¿con que motivo? El rector no perdió la compostura y en un movimiento de sus brazos modero los alaridos para proseguir con el aviso.

-Créanme que yo no tengo que ver en esta decisión, es por motivo de los ataques producidos a pueblos cercanos últimamente, todos están oficialmente graduados ahora mismo, pueden irse en el momento que gusten a sus casas, el instituto ésta en peligro de ataque y tenemos que evacuar.

Todos permanecieron callados y empezaron a retirarse del salón por sus cosas y posteriormente a partir de la institución como todos unos magos titulados. Leo espera dos horas en su habitación para que los demás se adelanten y poder caminar tranquilo hasta su pueblo, evitando así pláticas distractoras y despedidas con sus compañeros de clase. Los últimos años no había sido muy sociable con nadie, no pensaba serlo ahora, ni añadir a nadie en los planes que abrigaba como nuevo mago del reino. Salió al atardecer del colegio, sus valijas, según a seguro el director, serian llevadas a su casa por un grifo, por lo que solo cargaba con lo indispensable para el viaje de regreso en una mochila que llevaba al hombro. El castaño se cruzaba el gran arco de la entrada del colegio cuando le detuvo un grito:

-¡Leonardo espera!- Le grita el director.

El mago decide esperarle y retrocede un poco mientras el rector corría cómicamente con sus cortas piernas. El viejo llega con Leonardo, jadeando y apoyándose en sus piernas.

-Joven Lunarti, solo quería desearle buen viaje, les he dicho a los demás que eviten la carretera, al parecer un Roc anda rondando por aquí, más le vale tener cuidado, si toma el camino del bosque correrá menos peligro, pero para estos momentos cualquier lugar de confianza puede estar lleno de riesgos, así que procure tener los ojos abiertos, ¿entiende?

-Gracias director, tomare en cuenta sus consejos.

-Cuídate hijo, me saludas a mi viejo amigo Merlín.

-Lo hare director, no tenga cuidado.

-Eres un chico especial Leonardo, pero confías demasiado en la soledad, un par de amigos te harían la vida más llevadera.

Leonardo solo movió la cabeza de arriba abajo y dio media vuelta mientras ponía los ojos en blanco pensando en que lo que decía el director solo eran tonterías.

-Te espera un gran futuro Leonardo, solo que ningún futuro se puede hacer solo, piénsalo; ¿de verdad puedes sentir el aire si nunca pasa junto a tu piel?

El mago continuo incesante su camino pensando en las palabras del director. Era un dicho que jamás había oído, “si nunca pasa junto a tu piel”, que significado ha de tener eso, eran tonterías de ancianos solamente, su tío también había entrado en la edad de contar frases sin sentido, seguramente en casa le diría muchas más. Pero en fin, había más por lo que preocuparse, como el Roc que acechaba en lo alto. Los Roc eran creaturas esplendorosas, gigantescas aves del tamaño de dragones, con plumas elegantes, de un color celeste casi igual al del cielo. Era complicado encontrarlos en el firmamento, y cuando uno les nota ya es demasiado tarde para correr, eran sin duda unos excelentes asesinos. Aunque Leo ya había aprendido un hechizo para verles; “el tinte celeste”, que pintaba una porción del cielo de un fuerte color rojo, lo que permitía ver claramente a un Roc en el cielo, pero incluso en un cerrado bosque sería peligroso exponerse a que un Roc rastreara al lanzador del hechizo. El nuevo mago iba atravesando el bosquecillo, ya lo conocía como a la palma de su mano, pues cuando estaba nervioso o necesitaba serenidad salía para recorrerlo con paciencia, observando los rayos del sol pasar por entre las ramas de los grandes pinos. Cero los ojos como adormilado y empezó a caminar a ciegas, no tenía miedo de golpearse con el tronco de algún pino, ya había memorizado sus posiciones con la mente y su evasión le era natural. Empezó a oír los sonidos del boquensillo, los pájaros comunicándose en canción con sus camaradas, el perforar de árbol del pájaro carpintero, los saltos de liebres, y los zumbidos de las moscas y otros insectos. Leo paró en seco. Le pareció oír un sonido fuera de lugar, una carreta. Lo cual no era posible puesto que estaba en medio del bosquecillo y la carretera estaba muy lejos de él, además el espacio entre los pinos era suficientemente ancho para pasar dos personas a la vez pero no para una carreta pequeña. El mago trato de buscar la fuente del sonido volteando la cabeza para todos lados y sentidos, pensó que tal vez era un delirio suyo, pero el sonido volvió más y más fuerte. Cuando lo sintió muy cerca de él se agacho, situó sus manos en el suelo, y de ellas emano una poderosa ráfaga de fuego que lo hizo girar y ascender hasta la rama más cercana a la copa de un pino. Bajo la cabeza hacia donde había estado, pero no vio nada más que el pasto quemado por su desesperada acción. Sentía un frio horrible en los brazos, había desperdiciado gran parte del calor de ellos en aquel acenso, los extendió hacia el sol para calentarles, los froto entre sí, para acelerar el calor. Al poco tiempo sus pálidos y casi congelados brazos recuperaron su calor y color normal. Se disponía a bajar del árbol cuando este sufrió un zarandeo enorme que le dio vértigo, obligándole a tomarse del tronco del pino y aferrar las piernas a su rama. Hecho una mirada hacia abajo y vio a una extraña criatura, parecía un soldado con armadura negra y una pluma rojo sangre en el casco, lo que solo significaría que quería problemas, le faltaba el brazo izquierdo que parecía ser remplazado por una espada a partir del codo, no tenia piernas, parecía moverse por medio de una rueda de carreta de metal que pasaba por su caja torácica. Si no hubiera hablado, Leo pensaría en él como una máquina de guerra.

-No pienso hacer daño ciudadano, es mejor que bajes, tengo que cuestionarte.

-Temo que no puedes obligarme a bajar, seas bueno o no, no confió en ti.

-No me importa en lo absoluto si tú confías en mí o no, me obedecerás si quieres tener un futuro. Baja o…

-¿O qué?, me bajaras de aquí a la fuerza y me aplastaras la cabeza con tus ruedas, que miedo tengo, ¡carroza vieja! -Leo esperaba haber enfadado al extraño ser para que este revelara sus motivos o el nombre de su amo.

-¡Pedazo de escoria humana!, no tienes derecho de hablarle así al general de Véngrand, el próximo nuevo líder de todo el reino de Wonderfull.

-¡Ha!, no pude gobernar a nadie si mata a todo los que se le oponen, a menos que se proponga gobernar un reino de ratas, lo cual ya logro con los de tu clase.

-No seas tonto, los planes del amo Véngrand son demasiado complicados para alguien como tú. El eliminar a los oponentes es solo el principio de sus tramas, créeme que él no tiene intención de matar a nadie, pero tiene que acabar con los alborotadores que se niegan al progreso y la evolución humana.

-¡No te creo ni una palabra carroza vieja!, Véngrand no es más que un mercenario y un enfermo mental. No tiene derecho alguno a gobernarnos, es un payaso.

El general no se inmuto en lo absoluto, se alejo un poco del pino e invito a Leo a bajar, a lo que el mago negó con la cabeza.

- Soy un Nigs, mi nombre es Alfa, vengo en nombre de Véngrand a dialogar con el rey. Dime joven, ¿cuál es tu nombre?

-Si a dialogar se le llama clavar la espada en el rey creo que ya tienes tu discurso preparado, ¿no es así Alfa? Y mi nombre no te incumbe.

Alfa parecía soltar una risa o un gruñido muy bajo ante las sandeces del mago, y con una aceleración repentina de su rueda y su espada extendida, golpeo el árbol, zarandeándolo violentamente, haciendo caer al joven mago de la rama donde se sentaba. Leo, tumbado en el suelo, le era presa fácil a la afilada espada del general nigs que ya estaba debajo de su barbilla, amenazando su cuello.

-¡Habla, dime lo que quiero saber!- le amenazo Alfa, acercando mas la espada a su garganta.

-El rey se dirigía al colegio, pero se entero que tú y tus hombres se dirigían a él y se dispone a partir a Corza.

El general se veía meditabundo, desvió ligeramente la mirada a la izquierda de Leo sin hablar, sumido en sus pensamientos. El mago cuidadosamente mete la mano en su mochila, que había caído a su derecha, palpo un pequeño libro verde y lo abrió lo suficiente con los dedos para arrancar una hoja, saco la pequeña hoja y al mirarla sonrió ligeramente. Susurro unas palabras y aplasto la hoja con su mano. La pequeña y arrugada hoja brillo incandescentemente como un pequeño sol, el brillo saco a Alfa de su trance mental y lo cegó por un momento, dándole tiempo a Leo de escapar de su espada.

-Muchacho tonto, pagaras por esto. -Gimió Alfa recuperando la visión.

Leo mueve sus brazos en círculo, creando una esfera muy resplandeciente que casi deja ciego a Alfa nuevamente, terminando la imponente demostración de poder sale una pequeñísima burbuja cristalina flotando cerca del general. Alfa la mira confundido.

-Vamos carroza, te reto a tocar mi burbuja.

-¡bah!, ¿qué me hará?, ¿oxidara el filo de mi espada?-Entona con tono burlón.

-Compruébalo tú mismo, pero luego no me culpes.

Alfa acerca la punta de su espada esperando reventar la burbuja fácilmente, pero apenas rosa su  piel, un imponente rayo tan grueso como los troncos de los pinos viejos lo atravesó por completo, dejando solo las cenizas de su ser y un pequeño papel enrollado por un lazo de terciopelo rojo.

La mortífera burbuja reventó inofensivamente y sus restos húmedos cayeron al suelo. Leo parecía satisfecho con su primera experiencia como mago titulado, tomo el papel enrollado, lo guardo en su mochila y continúo su retorno a casa.

Tan feliz estaba que no presto atención cuando al dar un paso escucha una voz que le dice:

-¡Eso fue genial!

A lo que con naturalidad responde:

-No fue nada…

Al percatarse de lo incoherente de la escena busca asustado al dueño de la voz pero no lo encuentra, asustado corre con dirección a su colegio pensando que es un fantasma. Se tropieza con una piedra y su bata es clavada al instante por una flecha, voltea hacia atrás para quitársela, al retirarla de vuele su vista al frente cuando:

-¡Buuh!,

Leo cae espantado, se da cuenta que solo era un enano de Fiorire, un ser pequeño, que confundiría con un niño de no ser por sus ojos castaños en los que se veía sabiduría.

Leo exclama temblando;

-¿Qué? Solo era un enano arquero.

- Que esperabas mago tonto, ¡un fantasma!- exclama el enano.

-Muy gracioso, pero es una descortesía presentarse así, y otra mucho más grande no prestarme su ayuda y disfrutar de verme a punto de ser rebanado por un monstruo.

-Pensé en actuar pero controlaste mejor la situación de lo que yo hubiera ayudado con mi arco, además no pensaba toparme contigo, solo dame el mapa quieres y te dejare tranquilo.

-¿Mapa?, ¿Qué mapa?

-El que le has quitado al general de Véngrand, me es de utilidad para mi viaje en busca del rey y para evitar los peligros cercanos.

-¿Te refieres a este rollito de papel?, bueno pues como yo lo he vencido creo que ahora me pertenece.

-Como quieras pero tu magia y tu energía no te duraran por siempre, ese nigs retornara pronto.

-¿Hablas de que son inmortales?-Leo se puso nervioso de solo mencionarlo.

-Sí mago, revivirá y se vengara de ti en cuanto te encuentre.

-¿Qué me sugieres enano?

-Darme el mapa, yo te guiare a un lugar seguro, de ahí nos separaremos.

-Espera un momento, ¿cómo piensas que puedo estar seguro contigo?

El enano mete la mano en el cuello de su camisa y saca un collar con una piedra verdosa ligada.

-Esta es una piedra repelente, nos protegerá de todo lo que este de mal humor y de lo que tenga hambre, además dos personas son suficientes para evitar el acercamiento de un Roc.

-De acuerdo, es un buen plan, pero antes de continuar, quiero que te presentes y me digas que te trae aquí.

-Yo soy Telff Terrato, mensajero y guerrero del pueblo Fiorire, he venido a hablar con el rey de nuestra actual condición, para pedirle ayuda de su ejército.

-Lamento mucho lo que paso con tu pueblo Telff, lo peor es que el rey está en un lugar secreto para ciudadanos ordinarios como yo, aunque pensándolo bien debe estar cerca si uno de los monstros de Véngrand lo buscaba. Me dirijo a Corza, mi pueblo, creo que ahí se encuentra el rey.

-Supongo que lo dices por lo de Alfa, le dijiste que estaría en ese lugar. Espero no mientas. Supongo que Corza es un buen lugar para separarnos.

-Perfecto, se cómo llegar pronto, no tardaremos en cruzar el mar.

-Bien pues en marcha entonces.

Los dos se ponen en marcha cruzando con paciencia el bosquecillo de pinos sin hablarse en ningún momento, el paisaje empieza a oscurecer. Telff busca y arranca ramas secas y gruesas con las que enciende una fogata para pasar la noche. La llama era alta, muy acogedora. El mago la observaba admirando el fuego, sorprendido por la habilidad del enano, pensó en que el sería incapaz de hacer una fogata sin su legado de sangre. En el colegio no le enseñaban clases de supervivencia más que a los guerreros de legado. Estos eran guerreros comunes con legado mágico, pero ellos utilizan más sus habilidades físicas y solo su legado en casos extremos, su poder es intenso y se basa en el control de su ira, entre más ira tengan más poder saldrá de ellos. Su problema resulta en que les es muy complicado mantener sus energías.

-¡Listo ya está! -Grita Telff, rompiendo las divagaciones mentales de Leo, mostrando con orgullo su fogata ardiente.

-¡de verdad me sorprendes Telff!

-¡No necesito tu sarcasmo tonto!- Expresa Telff furioso. – Tengo que dormir, hasta mañana.

Leo se queda pasmado ante la reacción de Telff, esperaba que no hubiera tomado sus palabras a mal. El mago solo lo había dicho en forma de alago, pero Telff lo había confundido con sarcasmo cruel. Leonardo continúo reflexionando por un buen rato hasta notar que Telff había quedado profundamente dormido. Se acerco a él con cautela y le arrebato el extraño cilindro que sostenía entre sus pequeños brazos. Al tenerlo en manos lo observo con curiosidad, el cilindro parecía ser de un cuero muy duro forrado de una fina tela verde, era del grosor de su pierna y del largo de su dedo medio al codo de su brazo. Por tener una banda de cuero flexible saliente de arriba a abajo, Leo supuso que Telff le daba un uso de mochila. Ahí se encontraban sus flechas ordenadas.

El mago voltea la mochila del enano y saca con cuidado su contenido, más que nada encontrando flechas, semillas y algunas nueces, lo que más sobresalió fue una joya verde con un corazón visible atreves de la luz de la fogata, un corazón dorado, parecido al oro pero con un tono ambarino por el color verde de la joya. Esa era sin duda la joya de Fiorire, dada a los mensajeros por la mano del más viejo miembro del pueblo en favor del pueblo, según recordaba Leo la costumbre de aquel lugar. Con esta prueba, podía depositar su confiar en Telff, sabiendo que este solo piensa en su pueblo, ya que según la leyenda de Fiorire la joya se volvería piedra si el portador pensaba en el mal. Leo termino cansado de sus pensamientos y decidió dormir de una vez, recostó su cabeza en su mochila y quedo dormido casi al instante.

Publicado en on 23 febrero 2010 at 8:15 PM  Dejar un comentario  
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